Estamos en Venezuela, país que desde 1958 y hasta 1992 se había caracterizado por ser orgulloso titular de una de las democracias más "estables" de Latinoamérica. El 4 de febrero de 1992, una caterva de delincuentes trató de dar un golpe de Estado aparentando estar del lado de un pueblo "oprimido".Y allí comenzó nuestra tragedia. La tragedia de todos los venezolanos.
Por una parte, la pobreza imperante, la marginalidad intelectual, la perversidad y el egoísmo, apoyados por un discurso agresivo, grosero, humillante e impropio, exacerbaron los ánimos de los resentidos (marginales , perversos y egoístas) quienes todavía hoy en día son absolutamente indiferentes ante lo que debe ser el interés colectivo mientras a ellos se les halaga, se les adula y se les promete un atractivo pero falso bienestar individual.
Por la otra, aquellos quienes, aunque en desacuerdo con el golpe de Estado y la forma de hacer las cosas, escucharon en 1998 las declaraciones del "líder" de esa manada de delincuentes, cuando hacía su campaña electoral, prometiendo lo que sería, por sus propias palabras, una Venezuela próspera, pujante... el mejor país de Latinoamérica, abierto a todas las tendencias políticas, sumado al desarrollo. Recuerdo perfectamente que en un programa de televisión por el Canal 4 (Venevisión) este desgraciado individuo, el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, hablaba de un país feliz, abierto a todos; prometiendo lo que muchos consideraban eran las herramientas necesarias para convertir a Venezuela en un país del primer mundo.
Esos dos grupos votaron por este criminal.
Este último grupo se dio cuenta del error cometido cuando ya era demasiado tarde y todas las instituciones ya habían sido secuestradas, al mejor estilo de los países con regímenes totalitarios. Por supuesto, debidamente asesorados por los temibles pero hábiles hermanos Castro de Cuba, quienes ya en una oportunidad en el siglo pasado, conociendo las bondades de nuestro país, uno de los mejores del mundo, habían tratado de invadirlo por las costas de Barlovento.
Ahora también quedan dos grupos: el primero descrito arriba sigue igual. Los pobres y los marginales intelectuales continúan siéndolo y los perversos han crecido en número. El segundo en su mayoría casi que ha cambiado de parecer, salvo aquellos que decidieron acoplarse al nuevo régimen para obtener ganancias a costa de la dignidad. Tal vez a ellos habría que incluirlos ahora en el primer grupo... Estos ahora negocian con el régimen totalitario y son millonarios... en dinero.
Los políticos, en mi texto, no conforman un grupo porque de ellos no se sabe nada. No sabemos si son honestos (aunque pensamos que no), no sabemos si en alguna oportunidad hablan claro, no sabemos dónde está su coraje y valentía, no sabemos si nos tienen reservada alguna sorpresa -agradable o desagradable-, no sabemos si negocian con los regímenes como el que nos domina actualmente, no sabemos, en fin, si realmente aman a Venezuela. Aunque, en todo caso, muchos de ellos caben en el primero de los grupos, con matices del segundo. De repente sí conformarían un tercer grupo, pero no importa, ya se les conoce.
Para terminar y aunque desfigura un poco lo escrito pero viene a colación, el espectáculo de ayer 4 de febrero para conmemorar un fallido y miserable golpe al Estado constitucionalmente constituido, amen de un fallido magnicidio contra Carlos Andrés Pérez, Presidente de la República elegido democráticamente, además de constituir un insulto a la inteligencia de los venezolanos y una humillación más de las tantas que sufre Venezuela desde hace 14 años, es también clara evidencia de la hipocresía de la Diplomacia y de los Organismos Internacionales que se autodenominan protectores de los Derechos Humanos y de las Instituciones.... Celebrar ese trágico y deleznable suceso criminal y no opinar sobre ello, obviamente condenando ese crimen, no es otra cosa que apoyar lo evidente: el carácter anti-democrático y perverso de este régimen.
Estamos solos... Venezuela está sola. Lo hemos visto en lo que concierne a otros países y no le dimos la importancia que tiene. Ahora, a ver cómo salimos -solos- de ésto.
Nota absolutamente al margen pero necesaria para mi propia satisfacción: debo confesar que nunca voté por Chavez Frías, aún habiendo escuchado con atención y curiosidad sus felices pero básicas y convincentes declaraciones ante los medios de comunicación, porque (a) nunca he creído que un militar pueda ser un buen gerente, porque (b) militar tiene entrenamiento para otra cosa, porque (c) los militares no saben negociar, sino mandar, y eso va en contra de los principios fundamentales de las Democracia. y porque (d) ese sujeto se atrevió a atentar contra lo más sagrado de las instituciones cívicas.