Si se trata de una guerra psicológica, el régimen va ganando.
Por meses he ingenuamente acariciado la esperanza de que tal vez exista un eficaz "Plan B" que nosotros, los ciudadanos comunes no conocemos bien por razones de estrategia pura o por simple precaución y que ya tendría preparada la llamada "dirigencia opositora" y que de manera hábil sería puesto en práctica de manera inmediata cuando las circunstancias y el momento, inteligentemente analizados por ella, sean los precisos...
He caído en esa falacia porque me ha costado -y confieso: me cuesta- mucho trabajo aceptar que en nuestro país tal vez no existan esos verdaderos líderes, honestos, sinceros y valientes, quienes por el solo amor a Venezuela fuesen capaces de afrontar junto a la mayoría cierta del Pueblo venezolano, esta reallidad que nos agobia.
Ahora estoy a punto de pensar que soy un soberano pendejo.
Qué vaina!
Yo que presumía de ser condescendiente con ciertas actitudes, hoy me vuelvo intransigente cuando se trata de relacionarse de cualquier manera en el día a día con este miserable régimen y la desgracia que significa y, en consecuencia, no acepto la relación condescendiente de aquellos "dirigentes opositores" con la ilegitimidad, la inmoralidad y la evidente perversidad.
Lo peor es que íngrimamente solos, aquellos que realmente amamos desinteresadamente a nuestro país no podemos hacer mucho más que esperar a que este caos haga crisis, como sostiene la teoría.
Qué vaina...