En algún momento de la historia escolar de nuestra generación hemos leído o, por lo menos nos han mencionado o referido el famoso cuento de José Rafael Pocaterra “De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús”, contenido en el libro “Cuentos Grotescos” de este autor nacido en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, el 18 de diciembre de 1889 y fallecido en Montreal, Canadá, el 18 de abril de 1955.
Panchito Mandefuá, protagonista Del cuento, no solo denuncia la realidad venezolana, también la realidad de la América Hispana de ese tiempo y de todos los tiempos. La realidad de una Humanidad que vive la Navidad como una fecha para expoliar sus faltas y desmanes de toda una vida.
Al igual que Rómulo Gallegos y Teresa de la Parra, Pocaterra destaca como uno de los mejores novelistas venezolanos de las primeras décadas del siglo XX, periodo dominado por la narrativa realista y naturalista. Cronista y poeta, José Rafael Pocaterra es considerado “…además, un gran maestro del relato breve”.
Involucrado en una conspiración contra Juan Vicente Gómez, fue encarcelado en la cárcel La Rotunda desde 1919 hasta 1922. Allí escribió en 1927 una de sus dos obras fundamentales: “Memorias de un venezolano de la decadencia” considerada la mejor crónica escrita en Venezuela sobre las consecuencias del caudillismo de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez.
Participa en la fallida expedición revolucionaria del Falke, dirigida por Román Delgado Chalbaud en 1929. Regresa a Venezuela en 1938, y asume los cargos de ministro de Trabajo y Comunicaciones, ministro plenipotenciario en Gran Bretaña y embajador en la URSS, siendo él quien inauguró las relaciones diplomáticas entre Venezuela y la Unión Soviética.
Todavía fue embajador de Venezuela en Brasil y en Washington, pero renunció a éste y a cualquier otro cargo público venezolano tras el asesinato de Carlos Delgado Chalbaud, en 1950, renuncia a todos los cargos públicos y se retira a Canadá para ocupar la cátedra de literatura hispanoamericana en la Universidad de Montreal cargo que ocupa hasta su muerte.

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