Pero me llaman poderosamente la atención aquellos comentarios (que desafortunadamente van en aumento) que se refieren a algunos dirigentes de la oposición en términos despectivos, incluso calificándoles de corruptos, o vendidos, o traidores. Eso sí me parece grave, sobre todo porque se incurre groseramente en lo que los chavistas caen de forma recurrente: en la descalificación.
Si existen pruebas de lo que tan violentamente afirman, por favor muéstrenlas: es necesario…
Si no, les voy a decir lo mismo que le dije a Juan Carlos Sosa por escrito por mail y aquí en Facebook: es mejor quedarse calladitos.
Soy uno de los más críticos en lo que respecta a la actuación de la llamada "Oposición" venezolana. Sin embargo me di cuenta que mi crítica se limitaba a hacer diagnósticos (de los cuales ya todos, por conocidos, estamos hartos) y ahí es donde hay que cambiar de actitud.
Los desacuerdos, las observaciones, las sugerencias, los comentarios, se discuten: para eso existen, para lograr conclusiones favorables a todos pero en este caso muy particular, sobre todo favorables a nuestra Venezuela.
Los insultos y las descalificaciones dan pie a pensar mal… pero no tanto de los insultados como de quienes insultan.
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