jueves, 4 de abril de 2013

FANATISMO Y REALIDAD... ¿INCOMPATIBLES?


Hace unos días, utilicé mi cuenta en una red social para tratar de sostener una por lo menos medianamente "inteligente" discusión con una señora que, por la muy pobre descripción que tiene en su perfil personal, es militante activa del Partido Socialista Unido de Venezuela, el PSUV, el partido del fallecido dictador y sociópata Hugo Chávez.

A un comentario elogiando al prenombrado dictador y casi llorando por la pérdida, le pregunté, resumiendo, si ella se había dado cuenta del estado miserable y deplorable en el que se encuentran los hospitales públicos, las escuelas, la carreteras; y si había ella visitado las cárceles, la morgue... en fin, traté de averiguar (creo que sabiendo de antemano la respuesta) el por qué ante la realidad diaria que vivimos los venezolanos ella todavía añoraba a "su comandante Hugo Chávez" y, obviamente votaría por el "heredero" Nicolás Maduro. Luego lamenté no haberle recordado a esta ilustre dama que existe una foto en la que, sin lugar a dudas se aprecia al candidato oficialista disparando con una pistola desde el Puente Llaguno, en el centro de la ciudad de Caracas, a indefensos marchistas en aquel 11 de abril en el que, por poco, salimos de esta pesadilla chavista.

La respuesta a todas mis interrogantes generó en mí una especie de indignación mezclada con ira e impotencia: ella dijo: "...eso no es asunto suyo...". Es decir, el que ella votara por Maduro, no era asunto mío; pero, leyendo entrelíneas, me atreví a asumir que ella parecía también decir que todo lo nefasto que sucede en Venezuela... "no es asunto mío". Me reservo la contestación que le di en ese momento via Twitter.

Ese intercambio primitivo de posiciones (que no de ideas, pues ella no tenía alguna que defender) me hizo reflexionar sobre lo que constituye el título de esta entrada del Blog: el fanatismo versus la realidad. Es obvio que la señora en cuestión no ve y ni presentirá en estos momentos la realidad de lo que sucede y sucederá en Venezuela, obnubilada por el fanatismo hacia algo que tal vez ni siquiera ella entiende.

El fanático, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española es aquel que "...defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo... o políticas. (Subrayado añadido). Aquello "desmedido" está fuera de lo normal. Y aquello "fuera de lo normal" es "anormal". En consecuencia, ¿el fanático actúa anormalmente?, ¿es su actitud "enferma"?.

No es pretensión personal actuar como psicólogo ni efectuar un análisis psicológico sobre el asunto, sino simplemente tratar de entender qué es lo que mueve a algunas personas a ser tan miserablemente fanáticas que no alcancen a ver la realidad que les rodea. ¿Es necesario ser muy inteligente para darse cuenta, es decir, para CONCIENTIZAR la realidad...? ¿Hasta qué punto ese fanatismo puede anular la correcta percepción de la realidad?

La palabra «fanático» tenía distinta acepción en su origen. Fanaticus fue un título honorífico: significaba «servidor» o «bienhechor de un templo». Según se lee en el Diccionario de Trevoux, los anticuarios han encontrado inscripciones en las que los romanos importantes usaban para sí mismos el título de fanaticus.

Es obvio que la acepción actual no tiene nada de "respetable", por lo que la etimología de la palabra sólo sirve como mera anécdota.

La definición que, para mí, más se acerca a la realidad es ésta: “Fanatismo es el efecto de una conciencia falsa que sujeta la mente a los caprichos de la fantasía y el desconcierto de las pasiones”.

Ejemplo de la sujeción de la mente a los “caprichos de la fantasía” lo vivimos en Venezuela constantemente. Así, es fantasía que "los hospitales funcionan bien", que "el campo produce", que "no hay escasez", que "no hay inseguridad", que "...todos los pobres tendrán “vivienda digna”… y así sucesivamente. 


Esas fantasías producto de las mentiras que se utilizan para perfeccionar la manipulación conllevan invariablemente el desconcierto de las pasiones: la desubicación del individuo y el escape o, mejor, la huida de la realidad.

A este “encadenamiento” o “esclavitud” de la mente de quien es propenso al fanatismo se une invariablemente la manipulación para exacerbarlo que ejecutan planificada y perversamente quienes adquieren influencia sobre el individuo y/o sobre los grupos sociales.

Y se me ocurre preguntar si cuando aquellos dirigentes políticos (algunos de los cuales hoy en día forman parte de la llamada “Oposición”), allá por el año 2005, nos sugirieron que no saliéramos a votar para Diputados porque hacerlo hubiera significado “legitimar” una situación irregular, (votación que, seguramente, hubiera significado que la Asamblea Nacional de Venezuela sería hoy en día equilibrada y nada de lo que perversamente se legitima en nombre de una supuesta “Democracia” estaría ocurriendo), no nos contagiaron su propio, fatal e ignorante fanatismo para convertirnos en miserables manipulados fanáticos.

Si esos quienes se consideraban líderes porque supuestamente sabían más que el pueblo al que influenciaban, hubieran concientizado las consecuencias de su petición, las cosas no estarían ahora en el nivel de miseria en el que se encuentran. El argumento parecía lógico en ese momento… mas resultó no serlo. Todo lo contrario.

¿Cómo se materializó esa manipulación? Creo que fue el sentimiento anticipado de angustia más el desbocamiento de una sociedad que buscaba desesperadamente salir de un próximo enredo de nefastas consecuencias.

Claro que ya pasado, pasado es… De nada sirve la lamentación, pero sí el reconocimiento de lo que fue un inexcusable error histórico, de difícil reparación.

Ese efecto de conciencia falsa más la consecuencia de la manipulación para fines particulares, crea una situación extremadamente perversa en el individuo y en los grupos sociales afectados que acarrean consecuencias imprevisibles pero siempre trágicas.

Pertinente es, pues, la sentencia que leo en un texto: “El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia es a la cólera”.

He aquí un esclarecedor fragmento de un estudio sobre las características del fanatismo:

"El pensamiento del fanático muestra distorsiones y fallas cognoscitivas que se observan en aquellos que cometen actos violentos, ya sea de manera individual o como miembros de un grupo.

Esta concepción del mundo tiene las siguientes características:
  • Sobregeneralización: presuponen que los pecados, o los defectos, o las acciones del “enemigo” se pueden dispersar para incluir a toda la población. 
  • Pensamiento dicotómico: las personas son totalmente buenas o totalmente malas, según su visión no hay "medias tintas". No hay grises.
  • Visión de túnel: una vez que están involucrados, su misión sagrada y/o patriótica es el único objetivo que pueden visualizar en sus vidas, y ésta incluye la destrucción del "enemigo". 
  • Programación: se comportan como máquinas programadas para la destrucción sin prestar atención a las consecuencias de sus actos y mucho menos al significado de las vidas que destrozan, incluso la suya. 
  • Sentido de heroísmo: se gratifican con el papel "heroico" que según ellos, el destino les ha otorgado".

“El “fanático” es una persona nihilista, es decir, se encuentra vacía emocional y espiritualmente y no tiene una alta autoestima, por lo que necesita creer en un ser superior que lo esté apoyando y lo ame (llámese Jesús, Jehová, Allah, Buda, Shiva, Bill Gates, Maradona)”

(A lo que yo agregaría, para ubicarla en el contexto original de esta nota: “…o Hugo Chavez”.)

Y he aquí lo que se señala como cura para ese mal llamado “fanatismo”:

“El único remedio que hay para curar esa enfermedad epidémica es el espíritu filosófico el cual, difundiéndose más cada día, suaviza las costumbres humanas y evita los accesos del mal; porque desde que esa enfermedad hace progresos es preciso huir de ella y esperar, para volver, que el aire se purifique. Las leyes son insuficientes contra la peste de las almas y la política, en vez de ser para ellas un alimento saludable, se convierte en veneno en los cerebros infectados…”

Un remedio que, en Venezuela, hoy en día no resulta fácil adquirir, con o sin récipe médico.

Personalmente veo y temo que, dadas las circunstancias, el fanatismo no tiene otra cura que más fanatismo. Se trata de explicar la realidad al fanático chavista y parece que no quiere o no puede entenderla. ¿Cómo se explica lo obvio?

 Desafortunadamente el ser humano no ha llegado todavía al nivel de perfección que significa ignorar, o evitar,su propia perversidad para lograr un mundo mejor.
Desafortunadamente.



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