sábado, 26 de mayo de 2018

UN CUENTO

Hace tanto tiempo que no escribo, que ya me parece hasta estúpido retomar la acción que significa esa actividad. Mi puro se extingue en un cenicero prácticamente adosado a la anciana puerta de mi vehículo. Viajo inmerso en una nube de tabaco. Es un cigarro abandonado, como todo lo mío. Miientras, me mareo por la violenta rapidez de las fumadas anteriores. Mientras transito, me siento absurdamente observado, aun cuando no hay ser alguno caminando por esta vía. Estoy solo, como estamos todos en la vida y a pesar de los esfuerzos. Es entonces cuando decido escribir lo que pienso denominar "Un Cuento".. nada menos. Tal vez sea mejor esperar a que el mareo existencial desaparezca. Es ridículo.

Trato de cerrar la laptop mientras estaciono en una cuadra hermosa, allá por Los Palos Grandes en Caracas. La Caracas que a veces extraño, pero que no sé exactamente por qué. La Caracas que me sigue a todas partes.


Pájaros, verde, mucho verde, verde como me gusta, me rodea. La tranquilidad de este camino molesta, pero me gusta. Dicen que el verde da tranquilidad. No a mí, por los momentos.

Y pienso, mientras descanso bajo la sombra de un frondoso y floreado apamate, en Roger Caillois y su involuntario pero trascendental tránsito por el incansable análisis de su propio pensamiento: ¿acaso mi pensamiento, el íntimo, el desconocido o el que casi desconozco, se desarrolla en sí mismo? ¿evoluciona? A lo mejor pienso siempre lo mismo, y me esclavizo. En ese momento me invade cierta tristeza, a punto de convertirse en terror.

Mi primer impulso es volver a manejar. Distraerme con la ruta, con las aceras, con los caminantes fantasmas, esos que sueño y que hubiera querido que existiesen.

Y no pensar.

No hay comentarios:

Antonio Pasquali, el pensador. A 4 años de su partida

  ​ En su libro clásico, “Comunicación y Cultura de Masas”, Pasquali plantea que la comunicación es el intercambio biunívoco (corresponde...